Motricidad fina: cuando escribir, atarse los cordones o usar los cubiertos se convierte en un reto

Es habitual que algunos niños necesiten más tiempo para aprender determinadas habilidades. Sin embargo, cuando tareas como escribir, recortar con tijeras, abrochar botones, atarse los cordones o utilizar correctamente los cubiertos resultan especialmente difíciles para su edad, puede ser recomendable realizar una valoración profesional.

En muchas ocasiones, detrás de estas dificultades no hay falta de interés ni de esfuerzo. Lo que ocurre es que el niño necesita desarrollar determinadas habilidades relacionadas con la motricidad fina, la coordinación o la planificación motora.

Desde la terapia ocupacional trabajamos precisamente para ayudar a que estas actividades, tan importantes para la autonomía diaria, sean cada vez más fáciles y funcionales.

¿Qué es la motricidad fina?

La motricidad fina hace referencia a los movimientos precisos que realizamos con las manos y los dedos.

Aunque puedan parecer gestos sencillos, requieren que diferentes capacidades trabajen de forma coordinada:

  • Fuerza en manos y dedos.
  • Coordinación entre ambas manos.
  • Control del movimiento.
  • Coordinación óculo-manual.
  • Planificación motora.
  • Estabilidad del hombro y la muñeca.

Gracias a estas habilidades podemos realizar acciones tan habituales como:

  • Sujetar correctamente un lápiz.
  • Escribir.
  • Dibujar.
  • Colorear sin salirse.
  • Recortar con tijeras.
  • Abrir una cremallera.
  • Abrochar botones.
  • Atarse los cordones.
  • Comer con cuchillo y tenedor.
  • Manipular pequeñas piezas de construcción.

Cuando alguna de estas capacidades no se desarrolla adecuadamente, es frecuente que aparezcan dificultades en varias actividades al mismo tiempo.

Señales que pueden indicar dificultades en la motricidad fina

Cada niño evoluciona a su propio ritmo. Sin embargo, algunas señales pueden indicar que conviene consultar con un profesional:

  • Se cansa rápidamente al escribir.
  • Cambia constantemente la forma de sujetar el lápiz.
  • Hace demasiada fuerza o, por el contrario, apenas presiona el papel.
  • Su letra resulta muy difícil de leer.
  • Escribe muy despacio.
  • Tiene problemas para copiar de la pizarra.
  • Evita actividades como colorear, dibujar o hacer manualidades.
  • Le cuesta recortar siguiendo una línea.
  • Tiene dificultades para abrir recipientes o manipular objetos pequeños.
  • No consigue abrochar botones o subir cremalleras de forma autónoma.
  • Le resulta complicado aprender a atarse los cordones.
  • Presenta dificultades para utilizar correctamente cuchillo y tenedor.

Estas dificultades pueden repercutir tanto en el rendimiento escolar como en la autonomía y la autoestima del niño.

¿Por qué cuesta tanto aprender a atarse los cordones?

Atarse los cordones es una actividad mucho más compleja de lo que parece.

Para conseguirlo, el niño necesita integrar varias habilidades al mismo tiempo:

  • Coordinación de ambas manos.
  • Movimientos precisos de los dedos.
  • Planificación de una secuencia de pasos.
  • Atención.
  • Coordinación visual.

Si alguna de estas capacidades todavía no está suficientemente desarrollada, aprender puede resultar especialmente difícil.

Lo mismo ocurre con otras actividades cotidianas como cortar la comida con cuchillo y tenedor o abrir una botella de agua.

¿Cómo ayuda la terapia ocupacional?

El objetivo de la terapia ocupacional no consiste únicamente en que el niño escriba mejor.

Lo que buscamos es que pueda desenvolverse con mayor autonomía en todas aquellas actividades que forman parte de su vida diaria.

Tras una valoración individualizada, el terapeuta ocupacional diseña un plan adaptado a las necesidades de cada niño.

La intervención puede incluir:

  • Actividades para fortalecer manos y dedos.
  • Juegos que mejoran la coordinación óculo-manual.
  • Ejercicios de precisión y destreza manual.
  • Trabajo sobre la postura y el control del tronco durante la escritura.
  • Entrenamiento de la prensión del lápiz.
  • Actividades para mejorar la planificación motora.
  • Estrategias para facilitar la escritura en el colegio.
  • Práctica funcional de actividades como vestirse, utilizar cubiertos o atarse los cordones.

En terapia no trabajamos únicamente una habilidad aislada.

Trabajamos para que todo lo aprendido tenga un impacto positivo en el día a día del niño.

La importancia de trabajar desde el juego

Los niños aprenden mejor cuando disfrutan.

Por eso, muchas de las actividades utilizadas en terapia ocupacional tienen forma de juego.

Construcciones, pinzas, plastilina, ensartables, circuitos motores, manualidades o actividades manipulativas permiten desarrollar fuerza, coordinación y precisión de una forma motivadora.

Cada propuesta tiene un objetivo concreto y se adapta a la edad, los intereses y las necesidades del niño.

¿Cuándo conviene consultar?

Es recomendable solicitar una valoración cuando las dificultades afectan de forma significativa a la vida diaria del niño, interfieren en su aprendizaje o generan frustración.

Una intervención temprana permite identificar qué habilidades necesitan reforzarse y diseñar estrategias adaptadas a cada caso.

No todos los niños que escriben mal tienen disgrafía, del mismo modo que no todos los que tardan en aprender a atarse los cordones necesitan tratamiento.

Por eso, la valoración individualizada es siempre el primer paso.

Preguntas frecuentes

¿La mala letra significa que un niño tiene disgrafía?

No. La escritura puede mejorar con la práctica durante los primeros cursos escolares. Cuando las dificultades son persistentes o afectan al rendimiento, es recomendable realizar una valoración.

¿La terapia ocupacional puede ayudar a mejorar la escritura?

Sí. Cuando la escritura está limitada por dificultades en la motricidad fina, la coordinación o la planificación motora, la terapia ocupacional puede trabajar estas habilidades desde un enfoque funcional.

¿A qué edad debería aprender un niño a atarse los cordones?

No existe una edad exacta, ya que depende del desarrollo de cada niño y de las oportunidades de aprendizaje. Lo importante es valorar si las dificultades aparecen también en otras actividades que requieren destreza manual.

¿Solo se trabaja la escritura?

No. La terapia ocupacional busca mejorar todas aquellas actividades que favorecen la autonomía del niño: vestirse, comer, utilizar material escolar, manipular objetos, jugar y participar en las actividades de su entorno.

Pequeños avances que mejoran la autonomía

Escribir con mayor comodidad, conseguir abrochar una chaqueta sin ayuda, utilizar correctamente los cubiertos o aprender por fin a atarse los cordones son logros que van mucho más allá de una habilidad concreta.

Son avances que aumentan la confianza, favorecen la independencia y permiten que el niño participe con mayor seguridad en su día a día.

En Clínica Emme trabajamos desde la terapia ocupacional para potenciar estas habilidades mediante intervenciones personalizadas, adaptadas a las necesidades de cada niño y siempre en coordinación con su familia cuando es necesario.

Si observas que determinadas actividades cotidianas le resultan especialmente difíciles, una valoración profesional puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y qué estrategias pueden favorecer su desarrollo.

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