Es habitual que algunos niños necesiten más tiempo para aprender determinadas habilidades. Sin embargo, cuando tareas como escribir, recortar con tijeras, abrochar botones, atarse los cordones o utilizar correctamente los cubiertos resultan especialmente difíciles para su edad, puede ser recomendable realizar una valoración profesional.
En muchas ocasiones, detrás de estas dificultades no hay falta de interés ni de esfuerzo. Lo que ocurre es que el niño necesita desarrollar determinadas habilidades relacionadas con la motricidad fina, la coordinación o la planificación motora.
Desde la terapia ocupacional trabajamos precisamente para ayudar a que estas actividades, tan importantes para la autonomía diaria, sean cada vez más fáciles y funcionales.
La motricidad fina hace referencia a los movimientos precisos que realizamos con las manos y los dedos.
Aunque puedan parecer gestos sencillos, requieren que diferentes capacidades trabajen de forma coordinada:
Gracias a estas habilidades podemos realizar acciones tan habituales como:
Cuando alguna de estas capacidades no se desarrolla adecuadamente, es frecuente que aparezcan dificultades en varias actividades al mismo tiempo.
Cada niño evoluciona a su propio ritmo. Sin embargo, algunas señales pueden indicar que conviene consultar con un profesional:
Estas dificultades pueden repercutir tanto en el rendimiento escolar como en la autonomía y la autoestima del niño.
Atarse los cordones es una actividad mucho más compleja de lo que parece.
Para conseguirlo, el niño necesita integrar varias habilidades al mismo tiempo:
Si alguna de estas capacidades todavía no está suficientemente desarrollada, aprender puede resultar especialmente difícil.
Lo mismo ocurre con otras actividades cotidianas como cortar la comida con cuchillo y tenedor o abrir una botella de agua.
El objetivo de la terapia ocupacional no consiste únicamente en que el niño escriba mejor.
Lo que buscamos es que pueda desenvolverse con mayor autonomía en todas aquellas actividades que forman parte de su vida diaria.
Tras una valoración individualizada, el terapeuta ocupacional diseña un plan adaptado a las necesidades de cada niño.
La intervención puede incluir:
En terapia no trabajamos únicamente una habilidad aislada.
Trabajamos para que todo lo aprendido tenga un impacto positivo en el día a día del niño.
Los niños aprenden mejor cuando disfrutan.
Por eso, muchas de las actividades utilizadas en terapia ocupacional tienen forma de juego.
Construcciones, pinzas, plastilina, ensartables, circuitos motores, manualidades o actividades manipulativas permiten desarrollar fuerza, coordinación y precisión de una forma motivadora.
Cada propuesta tiene un objetivo concreto y se adapta a la edad, los intereses y las necesidades del niño.
Es recomendable solicitar una valoración cuando las dificultades afectan de forma significativa a la vida diaria del niño, interfieren en su aprendizaje o generan frustración.
Una intervención temprana permite identificar qué habilidades necesitan reforzarse y diseñar estrategias adaptadas a cada caso.
No todos los niños que escriben mal tienen disgrafía, del mismo modo que no todos los que tardan en aprender a atarse los cordones necesitan tratamiento.
Por eso, la valoración individualizada es siempre el primer paso.
No. La escritura puede mejorar con la práctica durante los primeros cursos escolares. Cuando las dificultades son persistentes o afectan al rendimiento, es recomendable realizar una valoración.
Sí. Cuando la escritura está limitada por dificultades en la motricidad fina, la coordinación o la planificación motora, la terapia ocupacional puede trabajar estas habilidades desde un enfoque funcional.
No existe una edad exacta, ya que depende del desarrollo de cada niño y de las oportunidades de aprendizaje. Lo importante es valorar si las dificultades aparecen también en otras actividades que requieren destreza manual.
No. La terapia ocupacional busca mejorar todas aquellas actividades que favorecen la autonomía del niño: vestirse, comer, utilizar material escolar, manipular objetos, jugar y participar en las actividades de su entorno.
Escribir con mayor comodidad, conseguir abrochar una chaqueta sin ayuda, utilizar correctamente los cubiertos o aprender por fin a atarse los cordones son logros que van mucho más allá de una habilidad concreta.
Son avances que aumentan la confianza, favorecen la independencia y permiten que el niño participe con mayor seguridad en su día a día.
En Clínica Emme trabajamos desde la terapia ocupacional para potenciar estas habilidades mediante intervenciones personalizadas, adaptadas a las necesidades de cada niño y siempre en coordinación con su familia cuando es necesario.
Si observas que determinadas actividades cotidianas le resultan especialmente difíciles, una valoración profesional puede ayudarte a comprender qué está ocurriendo y qué estrategias pueden favorecer su desarrollo.